sábado

Espejos y espejismos

.
Vivir la vida como una lucha interna contra el tiempo. En el intento fallido de no afectar a la eternidad. Detenerse en el foco invisible y hacer un todo atemporal. Donde los distintos momentos se limiten a formar parte de una memoria independiente a ese paso construido de forma artificial. Y en su esencia generar una angustiosa sinrazón vital

miércoles

De cuando nos latía el corazón por todo el cuerpo.

dañada eternidad

Y, llévame al lugar donde quiera tu piel. Al mismo terreno donde despojar las carnes y succionar el veneno de tu corazón. Derríteme como hielo al roce del whisky, como si quisiera destronar al Sol y ponerte a ti mi luna. Desenmascaremos las nubes que oscurecen los días de madrugones desesperados. Donde tan solo queden las ganas de olvidar el pasado. Redúceme a cenizas cuando tiemble al encontrarme con tu mirada. Árdeme como si de puro infierno se tratara, y mis manos envueltas en rojo de hierro vivo. Distrae los quehaceres de los largos días, Los embriagadores sonidos del desencanto, los fortuitos menesteres de días grises y la eternidad dañada tras hablar del tiempo De un tiempo atrás, de otro delante y de mis minutos guardados para besar tu piel

que sea cierto el jamás

— ¿Puedo besarte? — (…) Se acordaba de esa primera vez que pudo convertir los principios asumidos en leyes inacabadas. Aquella noche. A oscuras. Frente a sus ojos y su boca. Desmanteló cualquier miedo obligado y cualquier origen desolado. Entornó los ojos y se armó de fuerzas mirando lo más profundo de sus ojos verdes como si en un poema de Bécquer se hallara como si quisiera acabar con el mundo en ese preciso instante, como si ya no encontrara motivos para seguir el camino recto. Abrió los ojos por última vez y al ver su como sus pupilas se hacían cada milésima de segundo más grandes la besó como si supiera que ya no podía volver a hacerlo más, acariciando cada segundo entre la suavidad de sus labios, rozando sus manos y sintiendo la más poderosa de las emociones que como ser humano se puede sentir. — No puedo vivir sin ti — (…) Ella continuaba sin decir nada. Como si se hubiera para el tiempo. Como si las largas noches de insomnio no hubieran sido suficientes para descifrar su corazón y aceptar que quería alargar los instantes hasta el infinito, para eternizar sus momentos, para distraer al tiempo y otorgarle una lucha imbatible a las manos que se rozan mudas. — Di algo porfavor — Lo nuestro es imposible Y, de repente, la realidad se volvió al punto exacto en el que se había abandonado. El tiempo ralentizado retomó las prisas usuales. Las manos se tornaron frías. Hielo. La piel erizada era suave de nuevo, y las pupilas pequeñas se inundaban de vacío. Silencio. Y, de nuevo un último grito; — ¡Cómo si pudiéramos conformarnos con un jamás a medias!

martes

Ayer. Ayer todo cuadraba. Reías frente al espejo. Simulabas volar. Era un día. Hoy es una eternidad. Hoy desapareces frente al ventanal. Sabe a dolor. Detienes el curso en las esquinas mientras ayer te lanzabas al vacío. Hoy es miedo, hoy es amor. Ayer fue, ayer se quedó en destiempo. Suave. Lento. Ligero. Sutiles los besos en los oscuros rincones. Donde los ojos abiertos nunca ven. Donde somos tú y yo cuando no hay nadie. Donde el querer se aleja del poder. Donde las ganas se acumulan. Donde hierve el corazón. Donde queman las manos. Cielo. Infierno. Verde se anuncia la mirada y transparentes las ganas de derretirse el hielo. Mi vida. La tuya. Una.

lunes

Poesía eres tú.

_Mamá, ya sé qué quiero ser de mayor.
_ ¿Qué quieres ser?
_Quiero ser poema.
_ ¿Poema? No sé puede ser poema.
_Sí que se puede ser poema… En el cole, Don Serapio nos ha hablado de poetas como Miguel Hernández, Rafael Alberti y Bécquer que escribían poemas, muchísimos poemas y, la mayoría a sus mujeres, ellas les inspiraban. Entonces…
_ Pero hija, no puedes ser poema, no es un oficio.
_ ¿Cómo que no es un oficio?
_ No, siendo poema no vas a ganar dinero.
_ Y, ¿para qué quiero dinero?. Siendo poema seré feliz y no necesitaré dinero, si soy poema alguien me cuidará y hablarán de mí, tendré muchas rimas y todo eso y mi poeta me tendrá que cuidar digo yo…
_ Creo que es muy difícil ser poema , ¿ y si en vez de ser poema eres poetisa?
_ ¿Poetisa? ¿Escribir yo poemas? ¡Pero los poemas hay que escribirlos de mujeres mamá! Don Serapio dice que las mujeres somos poema y tenemos que ser poema siempre, yo no puedo escribir poesía de mujeres, eso es tarea de un poeta.
_ Pero, puedes escribir de una flor, del cielo o, de cosas que te gustan y te hacen sentir bien, como el amor, los poetas hablan de mujeres porque sienten amor, puedes escribir de amor.
_ ¿De amor? Ah! Claro, como el poema que Don Serapio nos ha recitado de Miguel Hernández, algo así como; “Sólo quien ama vuela, pero ¿quién ama tanto que sea como pájaro más leve y fugitivo?” O algo así…Pero, también nos ha dicho que se lo dedica a una mujer, habla de su mujer…
_ Sí, hija, su mujer es poesía como dice tu profesor pero, antes de ser poema tendrá que ser amor, sin amor no hay poesía. Miguel Hernández aparte de amar a su mujer, amaba su tierra también y escribía sobre ella, sentía amor por su tierra.
_ ¡Es verdad! Nos ha dicho también no sé qué de aceituneros, a Miguel Hernández le gustaban los paisajes de aceituneros. Pero, todo ha empezado porque Luis ha leído un poema del libro de Bécquer:
_ “¿Qué es poesía?, dices, mientras clavas
en mi pupila tu pupila azul,
¡Qué es poesía! ¿Y tú me lo preguntas?
Poesía... eres tú.”
Y, entonces Susana le ha preguntado a Don Serapio cómo se puede ser poesía y el profesor nos ha dicho eso de que todas las mujeres somos poesía.
_ ¿Y le has dicho a Don Serapio qué quieres ser poema?
_ No, bueno, le he dicho que me gustaría ser poema y, me ha dicho que hay que trabajar muy duro para serlo. Creo que se refería a que tengo que sacar mejores notas…
_ Sí, seguramente. Pero, es mejor ser poetisa hija, mejor que poema. O, incluso ser poetisa y poema, sólo que es un poco raro hablar de uno mismo en un poema.
_ Bien… entonces, para hacer poesía hay que sentir amor. Y, mamá ¿Dónde está el amor?
_ ¿El amor? El amor está en todas partes, en el aire como dice la canción.
_ ¡Dame la cazadora!
_ ¿ La cazadora para qué?
_ Me voy a buscar amor, tengo que empezar ya, Don Serapio ha dicho que hay que trabajar mucho para ser poema…

domingo

Ayer

El invierno podía ser la estación más fría del año, o por el contrario, la más cálida entre los brazos de un mundo que te espera para seguir viviendo.
Ayer, era invierno y, ayer, aquel hombre se levantó como había hecho hasta aquel momento, en una cama ajena, de un lugar que desconocía.
Miró a su alrededor y, por primera vez vio un trozo de realidad entre todo aquel vacío y, se sintió exhausto, retraído, como cuando llevas años esperando la llegada de algo que ansías y no llega porque te has limitado a esperar desesperado. Pues, eso sentía aquel hombre.
Debajo de ese conjunto de capas como escudos que había utilizado todos estos años para destruir todo lo que yacía bajo sus pies. Ante la idea indeleble de su mente de comerse el mundo, podía ver como no quedaban más capas y comerse el mundo había supuesto destruirlo completamente.
Sumiso, rendido en su propia piel, desnudo de poder, de valor, desnudo, sin capas, se colocó frente al espejo y observó su reflejo. Aquel hombre, por primera vez se paró a pensar, mirándose a los ojos, con la más completa sinceridad. Y, algo dentro de sí le hizo recordar su vida.
Ofendido, humillado, derramó unas pocas lágrimas que su última capa le había podido dejar y, sintió arrepentirse antes esa realidad que permanecía en imágenes en su cabeza.
Vacío, frío, soledad, nada. Eso era él en aquella espesura de habitación, donde se podían destacar un conjunto de olores, tan familiares para aquellas almas que como él, deseaban comerse el mundo, de una forma que implica destruirlo, entre el olor a acetona, al de alcohol y también, al de sexo se le restaban las ganas de continuar.
Se volvió en sí y caminó por aquella habitación recordando los distintos medios que había utilizado para hacer doler a su alrededor. Recordó, cómo dejó de ser el hijo y el hermano perfecto, para serlo como padre. Cómo se comía el mundo sin destruirlo y cómo pasó de toda aquella perfección a dejar de ser marido y más tarde padre. Se recordó las cientos de veces que había mentido, el dolor causado y , en su mente, la imagen de las ultimas lágrimas que hizo derramar a su madre comprendiendo que también había dejado de ser hijo.
Y, se paró frente al ventanal, lo abrió y, su capa final le permitió dejar caer las últimas gotas de arrepentimiento. Pero, ayer era demasiado tarde y, en el frío del invierno, sin brazos, mirando al infinito desde lo alto de aquel ventanal probó a volar.

jueves

jueves

Un te quiero sin prisas
Un azul perfecto
Un invierno sostenido
Y un eterno vacío
Caben en la razón veranos eternos sin menesteres preciados,
lugares inacabados como piezas musicales de autores olvidados.

Un círculo inacabado
Un completo incompleto
Una nube solitaria
Y un velero de blanco nuclear
Contar granos de arena y copos de nieve, sumar restas al tiempo y acabar mojado dentro de un océano perfecto.

Dar vueltas en espiral
Salir a beber agua del mar
Morir atragantado por ramas de olivo
Y olvidar que el recuerdo es lo único que nos queda
Alumbrar a un ciego para mejorarle las ideas, y decirle que el viento y el
agua continúan siendo del mismo color que los sueños.

Gritar notas de compases sin ritmo
Recordar las mejores citas de aquel libro
Revolver en la caja de los recuerdos caducados
Y admirar como el tiempo borra las huellas
Sobornar al más duro poder que cargamos sobre los hombros
para escuchar un trocito de libertad.

Mirar atrás
Seguir hacia delante, sin llegar muy lejos
Alargar un instante
Y tocar mentiras reales...

lunes

Marzo.

La fría mañana se anunció como un golpe seco en la puerta.
Inconsciente, tardó varios segundos en reaccionar, mientras, al otro lado, alguien esperaba ser descubierto y dar esa noticia.
Como una leve punzada, como el roce de un cigarrillo encendido, la mirada de aquel desconocido se encontró con los ojos de ella, y su corazón comenzó a latir a una velocidad asombrosa. Cada segundo con mayor intensidad y, sin mediar palabra volvió a cerrar la puerta. Y, el hombre de detrás de aquella puerta de rostro frío y fúnebre marchó, se alejaba triste y solitario.
Agnes, se tumbó en la cama, con la cara en la almohada, presionándola. Y gritó, un grito seco y eterno. No habían lágrimas, se habían disipado con el dolor construido durante aquellas largas noches observando donde el sentir dolor y donde el querer quema, conforme se quebraba el cuerpo y desaparecían las fuerzas de un todo convertido en nada, de cómo maldecir al tiempo, a la vida y a sus fuerzas en querer doler.

martes

Febrero.

Llegando a creer que en la noche más oscura y siniestra que pudiera existir en su vida el silencio era imposible. Sin mediar palabra, sin más, despertó con un latir, abriendo un ojo, el otro, mientras, descansaba en el sueño que se había quedado a medias, por descubir.
Divisó la oscuridad y su impetuoso afán por descubrir un contorno, unas líneas de luz entre tanta nada de completo sinsentido. Se despegó del sueño, se advirtió que llevaba años durmiendo, tal vez horas, pero la sensación era la misma, imposible dormir durante años pero, así lo sentía.
Su vida, de repente se lanzaba a un vacío infinito dibujando líneas torcidas por el camino. Sin más, decidió y aceptó su completa insatisfacción, inseguridad, desilusión, tristeza… .
Viendo que la vida se le quedaba pequeña se sentó en la cama, en la que había estado soñando completos vacíos durante años, comenzó a pensar, como matar monstruos con la sutil fuerza del vacío que queda entre versos, como dejar un día de escuchar los brotes imperfectos de su corazón, roto por no sabes despejar los días grises con un movimiento y por no gritar a oscuras y dejar de escuchar el tiempo.
Sin avisar, aceptó que respirar ya no era la misma tarea sencilla, cada inspiración, un dolor, cada espiración, un vacío, cada suspiro, un latido.
La tristeza lentamente se apoderó de su cuerpo, una instancia que dejaba un sabor amargo, sabor ofrecido por una existencia lejana a su corazón. Un cuerpo descontento, retraído sumiso en un vaivén de sensaciones incompletas. Por otro lado, su razón, una nube eterna en un cielo infinitamente de un azul a esperas, errante. Su radiante y maravilloso pensar no le había permitido jamás dejarse llevar más allá de lo ya creado. Así, aceptó que el estado de su corazón dependía de su razón pero, su razón había decidido viajar sin corazón. Y, de nuevo se vio envuelta en esa misma oscuridad dibujando contornos con la leve luz que sus ojos imaginaban y con el sonido a los lejos imperecedero.
“me duele la vida”, se dijo. Pero, no se quedó sentada a oscuras a seguir dibujando vacíos de luz en la oscuridad, se tumbó a soñar, pero ya no habían sueños que descubrir, así que durmió unos años más meditando el plan para desechar los monstruos de la habitación.

lunes

2 de enero de 2012

Otro sol, otra vuelta alrededor de él. Y, aquí de nuevo, gritándole al cielo que lance las líneas para seguir escribiendo nuestra historia, no quiero un final cerrado, ni uno abierto,no quiero un absurdo final, quiero un comenzar en cada punto y aparte.

Invierno cálido entre tus brazos.

Todo el pasado, bonito, se ha quedado atrás y, mi corazón se vuelca sobre ti con cada susurro de voz, cada mínimo detalle de presencia.

Veo fracciones de tiempo escondidos entre nuestras debilidades.

No quiero perderme en medio del mar, sin ti. No quiero que el tiempo y el espacio se coman nuestros ojos y, seguir guardándote los abrazos en aquella caja que un día desbordará. Te quiero cada día, como uno más, como un te echo de menos lanzado al vacío que recoges sin más y devuelves, haciéndome más pequeña.

Quiero más certeros jamases, guardados eternamente entre nuestras manos.