martes
lunes
Donde nacen las nubes.
Hoy he tratado de distinguir entre el azul del cielo y el del mar.
Entre mil mentiras sinceras y verdades silenciosas.
La diferencia entre el caminar cuando hay prisa, y el correr sin más.
Entre el respirar y el quedarte sin aire.
Entre el espacio y el tiempo.
Entre el Sol y la simple luz.
La diferencia entre sonreír y reír, y entre vivir y habitar la vida.
Pero, la verdadera realidad se ha antojado cuando la clave está en que, es mejor buscar las similitudes a perderse entre las diferencias.
Y hoy, el más completo vacío se ha llenado de un aire puro y salado, con restos de brisa cargada de arena húmeda pero cálida, por los rayos de luz que el rey Sol le ha regalado.
Tal día como hoy, el más profundo de los sentimientos ha madurado y ha perforado la mitad del ser que yacía entero y fuerte.
Hoy, más que admirar el tiempo, no hay más que destacar el lugar donde nacen las nubes y admirar la fragilidad de la vida. No hay más que buscar la felicidad en los lugares más inhóspitos de la naturaleza por ahora intocables y puros.
Porque, las cientos de preguntas formuladas al día dejan esos eternos sabores amargos al no encontrar respuestas, y de nuevo más preguntas que se responden con otra infinitud de preguntas más.
viernes
miércoles
XIII
Amargo sabor que dejan los días cuando, complacida la existencia por el seguimiento de un camino sin trazar, a esperas, perfecto. Se manifiesta una constante transgresión hacia el dolor y el hastío. Un hastío fundado por un principio fundamental, porque, al parecer, el cielo ha dejado de brillar, ha dejado de lado ese azul perfecto venerado en los días tan largos y cálidos que el pasado nos brindó.
Una vez, te hallas ante una realidad fría y oscura incapaz de abrir paso entre las nubes que no le dejan ver el cielo y , menos aún el suelo. Y, de nuevo quedarse a medio camino entre el todo y la nada, entre la eterna lucha de ideales y la constante pelea entre mente y corazón.
Otro tedio y un telos sin sentido se asoman al final del camino, como principio de otro nuevo. Distinto el sentido que hemos querido darle a la vida, sin darnos cuenta de que somos nuestro pasado, un pasado del cual contenemos una ingeniosa selección de momentos clavados en nuestra memoria. Un pasado seleccionado y grabado como perfecto, cuando sometemos a disputas nuestro presente. Y, así, hacernos notar que algo no funciona correctamente. Los días en los que, denominados así convencionalmente, los días que sin Sol estás dispuesta a continuar, pausadamente pero hacia delante, un progreso o un camino continuo, eterno pero a su vez finito, tratando de encontrar siempre el dulce sabor del buen tiempo, de la mejor elección y del eterno cambio.
Una vez, te hallas ante una realidad fría y oscura incapaz de abrir paso entre las nubes que no le dejan ver el cielo y , menos aún el suelo. Y, de nuevo quedarse a medio camino entre el todo y la nada, entre la eterna lucha de ideales y la constante pelea entre mente y corazón.
Otro tedio y un telos sin sentido se asoman al final del camino, como principio de otro nuevo. Distinto el sentido que hemos querido darle a la vida, sin darnos cuenta de que somos nuestro pasado, un pasado del cual contenemos una ingeniosa selección de momentos clavados en nuestra memoria. Un pasado seleccionado y grabado como perfecto, cuando sometemos a disputas nuestro presente. Y, así, hacernos notar que algo no funciona correctamente. Los días en los que, denominados así convencionalmente, los días que sin Sol estás dispuesta a continuar, pausadamente pero hacia delante, un progreso o un camino continuo, eterno pero a su vez finito, tratando de encontrar siempre el dulce sabor del buen tiempo, de la mejor elección y del eterno cambio.
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