Llegando a creer que en la noche más oscura y siniestra que pudiera existir en su vida el silencio era imposible. Sin mediar palabra, sin más, despertó con un latir, abriendo un ojo, el otro, mientras, descansaba en el sueño que se había quedado a medias, por descubir.
Divisó la oscuridad y su impetuoso afán por descubrir un contorno, unas líneas de luz entre tanta nada de completo sinsentido. Se despegó del sueño, se advirtió que llevaba años durmiendo, tal vez horas, pero la sensación era la misma, imposible dormir durante años pero, así lo sentía.
Su vida, de repente se lanzaba a un vacío infinito dibujando líneas torcidas por el camino. Sin más, decidió y aceptó su completa insatisfacción, inseguridad, desilusión, tristeza… .
Viendo que la vida se le quedaba pequeña se sentó en la cama, en la que había estado soñando completos vacíos durante años, comenzó a pensar, como matar monstruos con la sutil fuerza del vacío que queda entre versos, como dejar un día de escuchar los brotes imperfectos de su corazón, roto por no sabes despejar los días grises con un movimiento y por no gritar a oscuras y dejar de escuchar el tiempo.
Sin avisar, aceptó que respirar ya no era la misma tarea sencilla, cada inspiración, un dolor, cada espiración, un vacío, cada suspiro, un latido.
La tristeza lentamente se apoderó de su cuerpo, una instancia que dejaba un sabor amargo, sabor ofrecido por una existencia lejana a su corazón. Un cuerpo descontento, retraído sumiso en un vaivén de sensaciones incompletas. Por otro lado, su razón, una nube eterna en un cielo infinitamente de un azul a esperas, errante. Su radiante y maravilloso pensar no le había permitido jamás dejarse llevar más allá de lo ya creado. Así, aceptó que el estado de su corazón dependía de su razón pero, su razón había decidido viajar sin corazón. Y, de nuevo se vio envuelta en esa misma oscuridad dibujando contornos con la leve luz que sus ojos imaginaban y con el sonido a los lejos imperecedero.
“me duele la vida”, se dijo. Pero, no se quedó sentada a oscuras a seguir dibujando vacíos de luz en la oscuridad, se tumbó a soñar, pero ya no habían sueños que descubrir, así que durmió unos años más meditando el plan para desechar los monstruos de la habitación.